Capítulo V

El desplome

En 2013 Venezuela comenzó a experimentar una escasez significativa de productos básicos y alimentos. El problema se agudizó con la incertidumbre política que generó la muerte de Hugo Chávez en marzo de ese año y la elección de Nicolás Maduro como presidente.

Las causas principales de la escasez incluían la regulación de precios impuesta por el gobierno y la restricción en el acceso a divisas oficiales necesarias para importar bienes esenciales. En muchos casos, los precios regulados quedaban por debajo de los costos de producción, de modo que las empresas tenían poco incentivo para producir o importar, lo cual profundizó el desabastecimiento. Además, las políticas de expropiación y nacionalización de empresas durante los años previos contribuyeron a la reducción de la producción nacional y a una mayor dependencia de las importaciones.

2014

En enero de 2014 se desencadenó una ola de protestas masivas en todo el país, impulsadas por la frustración ante la situación económica y las denuncias de represión estatal, como el encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López, lo que marcó una nueva fase del conflicto político.

En diciembre de ese mismo año viajé a Cali con mi mamá y mi hermano para visitar a mis abuelos y demás familia. No había dimensionado el nivel de atraso que teníamos en Venezuela hasta que salí del país. Colombia se veía muy moderna. Recuerdo que el mayor choque fueron los autos: ¡había autos modernos! En Venezuela los autos nuevos eran pocos y con modelos de al menos 10 años atrás. El atraso que sabía que teníamos era peor de lo que imaginaba. Valencia estaba atascada al menos 30 años en el pasado.

2016

A fines de 2016, el Banco Central de Venezuela anunció la incorporación de nuevos billetes y monedas de mayor denominación para facilitar las transacciones cotidianas, ya que, debido a la hiperinflación que enfrentaba el país, las cantidades se hacían cada vez más inmanejables; por ejemplo, para comprar algo tan simple como una caja de huevos o un kilo de carne, se debían cargar fajos enormes de billetes. En algunos casos, se necesitaban hasta 160 billetes de 100 bolívares sólo para reunir el equivalente a cuatro dólares.

Más tarde, en noviembre de 2017 se emite el billete de 100.000 bolívares, ya que los billetes circulantes se devaluaron rápidamente.

Aunque esta ampliación inició oficialmente en diciembre de 2016, la circulación efectiva de los billetes se fue completando progresivamente a lo largo de 2017 y 2018, en medio de retrasos logísticos y una creciente escasez de dinero en efectivo.

2017

En 2017 Venezuela se enfrenta de nuevo a una crisis institucional. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró en desacato a la Asamblea Nacional de mayoría opositora, anulando sus decisiones y ejerciendo funciones del legislativo. Este enfrentamiento reactivó la ola de protestas y saqueos en todo el país.

Como consecuencia de esta crisis, mis padres deciden que mi hermano Alexis y yo debemos migrar a Colombia, pues además del agitado clima político, la inseguridad era alarmante. Gran parte de mi familia había emigrado desde 2016 a países como Estados Unidos, o retornado a Cali, como mi tío Darío. Sin embargo, mi mamá se demoró un año más en tomar la decisión de abandonar el país.

2018

Vivir en Venezuela se asemejaba cada vez más a una carrera de obstáculos. La escasez de alimentos y medicinas ya no era pasajera sino permanente y generalizada. Se compraba lo que había, sin importar marcas ni calidad.

La gente empezó a buscar recetas alternativas: carne desmechada hecha de cáscaras de banano, carne de lentejas, pero no como opción vegana sino como último recurso ante un panorama que parecía de guerra. De igual manera, el racionamiento de los servicios públicos de agua y energía se convirtió en la norma, así como la crisis de transporte por falta de repuestos e incluso de gasolina.

El bolívar fuerte quedó pulverizado. En menos de dos años los billetes nuevos perdieron valor y los precios se dispararon a tal nivel que el gobierno nacional tuvo que hacer una nueva reconversión, con lo cual llega el Bolívar Soberano (Bs. S.), que empezó a circular el 20 de agosto de 2018, eliminando cinco ceros al bolívar anterior.

Cuando empezó a circular la nueva familia monetaria las entidades bancarias no habían logrado migrar sus sistemas y no era posible retirar o depositar nuevos fondos, lo que agudizó la crisis de acceso al dinero en efectivo y afianzó la dolarización de facto a la que los venezolanos recurrieron para intentar proteger sus ingresos.

2019

Menos de un año después, en junio de 2019, el Banco Central anunció la incorporación de los billetes de 10.000, 20.000 y 50.000 bolívares soberanos al cono monetario. El billete de 50.000 bolívares, por ejemplo, superaba el salario mínimo mensual de la época, que era de apenas 40.000 bolívares. Esta ampliación fue vista como un reconocimiento oficial de la crisis inflacionaria, que superaba el 65.000% en 2018, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

2021

En marzo de 2021 se amplió nuevamente el cono monetario con la incorporación de tres billetes de alta denominación: 200.000, 500.000 y 1.000.000 de bolívares soberanos. Esta ampliación respondió a la profunda crisis inflacionaria que continuaba diluyendo el valor del dinero y la escasez de efectivo para las transacciones cotidianas. El billete de un millón, aunque era el de mayor valor, equivalía apenas a 52 centavos de dólar. La medida buscó ser un paliativo para la falta de billetes en circulación, pero sólo logró reforzar la realidad de la crisis económica.

Para octubre, otra reconversión eliminó seis ceros más de la moneda: el bolívar digital. Aunque la idea era facilitar las transacciones, el uso del dólar era habitual, y los bolívares se usaban en pocas operaciones, como en el pago del transporte público. La desigualdad se profundizó, y desde entonces la mayoría de la población más vulnerable depende casi exclusivamente de ingresos en bolívares mientras que una pequeña parte recibe ingresos en dólares.

La fuerte caída en los precios del petróleo y las sanciones económicas impuestas por el gobierno de Obama y, luego, endurecidas por la administración de Donald Trump, afectaron gravemente los ingresos del país. Estas sanciones limitaron las operaciones financieras con Estados Unidos, impactando la calidad de vida de los venezolanos y llevando al país a caer en default, es decir, a no poder cumplir los pagos de las deudas contraídas.

2023

Para 2023 el Banco Central reportó un índice inflacionario del 189,8%, mientras que independientes como el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF) la estimaron en torno al 193%.

2024

En 2024 la inflación continuó descendiendo hasta ubicarse cerca del 85%, la primera vez en una década en que se mantuvo en dos dígitos, aunque la población seguía sufriendo el impacto sobre alimentos y transporte debido a la inestabilidad de precios. Aún frente a este descenso inflacionario, en agosto de 2024 se emitieron dos nuevos billetes: uno de 200 y otro de 500 bolívares, como respuesta a la constante depreciación de la moneda.

Desde 1976 hasta 2025, el Bolívar ha perdido un total de catorce ceros a través de tres reconversiones monetarias, de manera que un bolívar actual equivale a 100 billones de bolívares de 2007, antes de la primera reconversión. Esta impresionante pérdida de valor refleja la profunda crisis económica que ha afectado al país durante las últimas décadas.

En la actualidad, esta crisis se traduce en precariedad social. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), en 2024 73.2% de la población vive en la pobreza. En este escenario, la migración masiva se ha convertido en casi la única salida para millones de venezolanos; se calcula que más de 7.7 millones han abandonado el país, con aproximadamente 2.8 millones residiendo en Colombia, principal destino de la diáspora.

En mi caso, a diferencia de millones de venezolanos que huyen por la crisis, tuve la fortuna de migrar con la tranquilidad de tener la ciudadanía colombiana, un lugar donde llegar y una familia que me apoyó. Además, aún era muy jóven, en contraste con mi mamá o algunos de mis tíos, quienes debieron dejar sus vidas y sus profesiones para retornar a Colombia y rebuscarse la vida en trabajos completamente diferentes, sintiéndose extraños en el país que los vio nacer.

Los billetes y monedas que han acompañado la historia de Venezuela no son sólo dinero, son historias que atestiguan las tensiones económicas, las decisiones políticas y los desafíos cotidianos que ha enfrentado el país durante las últimas décadas.

El bolívar es el testimonio de una nación marcada por la devastación económica y social. Sus transformaciones no reflejan progreso, sino la profundidad de una crisis que aún no termina y que ha empujado a millones a abandonar el país y empezar de cero en lugares que nunca imaginaron.