Capítulo III

Navegar sin rumbo

Con la victoria del nuevo presidente, Rafael Caldera, para el período 1994-1999, el país dejó en claro que no seguiría apoyando la política tradicional y que el modelo político estaba agotado. Apenas iniciado su mandato, Caldera se enfrentó a una de las peores crisis bancarias del país, marcada por el colapso del Banco Latino en enero de 1994. Este hecho desató una ola de pánico financiero y desconfianza en el sistema bancario, afectando a millones de venezolanos que vieron sus ahorros y su estabilidad en riesgo. La crisis bancaria no sólo llevó al cierre de otras instituciones financieras, también forzó al gobierno a intervenir y a destinar grandes sumas en rescates, profundizando aún más la fragilidad de la economía nacional.

Ese mismo año, el presidente decidió poner fin al proceso judicial contra Hugo Chávez y a otros oficiales que participaron en los golpes de Estado de 1992, lo que les permitió recuperar la libertad. Este hecho aumentó aún más la popularidad de dichos militares y afianzó el liderazgo de Chávez de cara a las siguientes elecciones.

El gobierno, en respuesta a la creciente inflación que afectaba el poder adquisitivo de los venezolanos, comenzó a emitir billetes de 2.000 y 5.000 bolívares.

Esta medida fue necesaria dado que los billetes de menor denominación se volvían insuficientes para cubrir transacciones cotidianas, reflejando la pérdida de valor de la moneda.

1998

En 1998 Venezuela introdujo un rediseño de los billetes de 1.000 y 2.000 bolívares y amplió el cono monetario con billetes de 10.000, 20.000 y 50.000 bolívares; también se acuñaron las monedas de 10, 20, 50, 100 y 500. El rediseño de los billetes de 1.000 y 2.000 bolívares estaba alineado con una política de modernización estética y de seguridad, con el fin de reducir las falsificaciones y adaptarse a las nuevas exigencias del mercado financiero del país.

Los nuevos billetes de 10.000, 20.000 y 50.000 bolívares se introdujeron principalmente por la inflación acelerada, lo que causaba que las cantidades manejadas en las transacciones fueran cada vez mayores​.

La crisis, ahora vestida de nuevos billetes, tocó la puerta de todos los ciudadanos. El costo de la vida aumentó y varios gobiernos municipales, como el de Valencia, endurecieron sus medidas para evitar el comercio informal en la ciudad.

Esto afectó directamente a mis abuelos, quienes laboraban como buhoneros, como llamamos los venezolanos a los comerciantes informales del país. Ellos y mi tía María Fernanda decidieron regresar a Colombia. Claudia, mi madre, optó por permanecer en Venezuela a pesar de las dificultades, pues cursaba su pregrado en derecho y ya me tenía a mí, su hija de tres años.

A fines de 1998, el país se prepara para una nueva contienda electoral. El panorama se presenta con tres opciones principales muy diferentes a lo acostumbrado: Hugo Chávez, un militar que intentó llegar al poder por vía golpista; Irene Sáez, una ex Miss Venezuela que había alcanzado su primer cargo de elección popular como alcaldesa de Chacao en el estado Miranda y Enrique Salas Römer, gobernador del estado Carabobo.

La contienda fue ganada por Chávez con poco más de la mitad de los votos, un claro llamado de atención de una ciudadanía que exigía cambios en el modelo político y económico del país.